Erecciones: el alcohol no es ciertamente la mejor solución

El poder desinhibidor de las bebidas alcohólicas es bien conocido. Sin embargo, en esta área los hombres deben ser cautelosos. Investigadores españoles y colombianos se han interesado en los efectos y su impacto en la función eréctil. Sus resultados son edificantes. Y nada que esperar a este respecto de la cocaína y la heroína. Nos quedaremos con el agua clara.

Seamos muy claros: el alcohol es una sustancia psicoactiva que afecta particularmente a la capacidad de un hombre para lograr una erección. Investigadores de la Universidad de Granada (España) y de la Universidad de Santo Tomás (Colombia) acaban de establecerlo con especial precisión. Su trabajo acaba de ser publicado en el Journal of Sexual Medicine. Un resumen de su trabajo se puede encontrar aquí.

Este trabajo original se llevó a cabo con 905 hombres. Entre ellos, 549 sufrían de diferentes formas de adicción: alcohol, cocaína, heroína, cannabis o speedball (cocaína y heroína). Los otros 356 voluntarios fueron «testigos». El reclutamiento tuvo lugar entre septiembre de 2009 y enero de 2011 en nueve centros de tratamiento de drogas. Los investigadores se centraron en cuatro áreas del desempeño sexual: deseo, satisfacción, excitación y, finalmente, el orgasmo.

En general, los resultados no apoyan estas adicciones. Demuestran que el placer sexual en todas sus dimensiones se ve alterado en comparación con el grupo de control, independientemente de la naturaleza de la sustancia consumida. La disminución del rendimiento y las sensaciones es «variable», «moderada» o «grave». Sin embargo, los investigadores observan notables diferencias. El placer y el orgasmo se ven alterados de forma muy general por todas las sustancias estudiadas, pero se observan variaciones de tamaño según las sustancias preferidas. Así pues, el deseo y la excitación no se ven afectados de manera similar.

Varios efectos que duran mucho tiempo

En términos generales, puede decirse que el uso de speedball y de cocaína afecta principalmente al placer sexual y afecta ligeramente al deseo sexual, con la excepción del período de máximo efecto de la droga. El abuso de alcohol afecta particularmente a la excitación sexual y a la capacidad de erección. El uso de la heroína afecta principalmente al orgasmo, pero también a la cocaína, el speedball y el alcohol.

Este trabajo saca a la luz un hecho que puede ser aún muy poco conocido. Parece que el efecto depresivo en la gama de placeres sexuales es duradero. No se observan cambios reales dos semanas después de la abstinencia. Sin embargo, los participantes, en promedio, tampoco mejoraron notablemente su rendimiento sexual un año después de haber dejado de beber alcohol o de consumir las otras sustancias adictivas estudiadas.

Este hallazgo contradice otros estudios que sugieren que los hombres pueden volver a sus capacidades y rendimiento sexual anteriores con relativa rapidez una vez que se logra la abstinencia.

Confirmado, este fenómeno sería un complemento útil de la información necesaria que todo el mundo debe conocer sobre los daños que causa el consumo excesivo de la bebida alcohólica legal a largo plazo. En la opinión pública, se trata a menudo de unos pocos lugares comunes, o de datos personales muy limitados. Así pues, se acepta en general que un consumo más o menos moderado de bebidas alcohólicas podría mejorar la calidad de la erección y al mismo tiempo retrasar la eyaculación.

Falta de datos

Sin embargo, las observaciones objetivas sugieren que se trata en gran medida de impresiones percibidas por el consumidor y no siempre percibidas por la pareja. Especialmente en lo que respecta a la erección. Sin embargo, faltan estudios con una metodología perfecta. Lo mismo se aplica aquí en cuanto al estudio objetivo de los efectos reales del consumo de alcohol en las habilidades de escritura.

De igual modo, faltan estudios rigurosos y documentados sobre los efectos del consumo de alcohol en la sexualidad femenina. Las observaciones actuales concluyen en general que existe una disociación entre las impresiones sentidas («excitación sexual») y la realidad anatomofisiológica (lubricación vaginal). Queda por ver el alcance y las consecuencias de esta disociación. La simetría no puede establecerse con las manifestaciones de la pareja erección-eyaculación.

En términos más generales, los resultados del estudio realizado por investigadores españoles y colombianos plantean interrogantes sobre la complejidad de los factores biológicos y psicológicos en la génesis de la disfunción eréctil. Esta entidad se define vagamente como la incapacidad persistente o repetida de lograr y/o mantener una erección suficiente para una actividad sexual satisfactoria.

Esta definición no tiene en cuenta las parejas y las circunstancias y, por lo tanto, no ayuda mucho a distinguir entre la aparición normal y la aparición temprana de la enfermedad.

En este contexto, deben tenerse en cuenta dos certezas prácticas. En primer lugar: la ilusión de que el alcohol puede ser un verdadero paliativo en volúmenes demasiado grandes y durante un largo período de tiempo. En segundo lugar, la ilusión de que la abstinencia puede ser ciertamente una forma de recuperar las facultades pasadas.

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