Obesidad e impotencia, se pueden tratar

En los hombres, la obesidad y la satisfacción sexual no van de la mano, tanto por razones psicológicas como físicas. Pero los tratamientos existen.

La epidemia de obesidad sigue ganando terreno. Se estima que un tercio de los estadounidenses son obesos y dos tercios tienen sobrepeso. Entre los hombres, esto no está exento de consecuencias, especialmente desde el punto de vista sexual. Recientemente se ha demostrado que la impotencia puede estar relacionada con la obesidad masculina. Afortunadamente, este trastorno es tratable.

¿De dónde viene la impotencia?

Los trastornos sexuales en los hombres pueden dividirse en cuatro categorías principales: disfunción eréctil, trastorno del deseo sexual, trastorno de la eyaculación y orgasmo. La obesidad puede tener un impacto en los dos primeros. En general, el deseo sexual es un fenómeno neuropsicológico complejo en el que influyen muchos parámetros: la salud general, el bienestar emocional, las hormonas, los niveles de energía y las normas sociales. La propia imagen corporal y los recuerdos de experiencias sexuales positivas también juegan un papel importante.

¿Pero qué tiene que ver esto con la obesidad?

Ser obeso tiene un impacto en la erección, tanto por razones fisiológicas como psicológicas. Estudios en animales han demostrado que la obesidad reduce la capacidad de relajación del cuerpo cavernoso, las dos partes del pene que se atiborran de sangre para lograr una erección. Además, hay una mayor sensibilidad al estrés, lo que dificulta el crecimiento del cuerpo cavernoso. También se ha demostrado que la obesidad aumenta el riesgo de disfunción eréctil vascular.

Las hormonas también juegan su papel: en los hombres, la obesidad resulta en una disminución de la producción de testosterona en la sangre. Hay un vínculo entre la disminución de la testosterona y la reducción del deseo sexual.

Las enfermedades relacionadas con la obesidad también están implicadas. Seis de cada diez hombres con hipertensión se quejan de disfunción eréctil en diversos grados, y uno de cada cuatro obesos sufre de hipertensión. Del mismo modo, la diabetes mellitus reduce la producción del cuerpo de óxido nítrico, un neurotransmisor que participa en el mecanismo de erección.

Por último, a nivel psicológico, la imagen corporal alterada por la obesidad puede erosionar la confianza en el rendimiento sexual, al igual que la disminución de la capacidad física que acompaña a la obesidad y la disminución del tamaño funcional del pene debido al cojín de grasa púbica.

¿Qué se puede hacer al respecto?

El tratamiento de elección para la impotencia es una combinación de pérdida de peso, actividad física y medicación.

En cuanto al primer punto, un estudio de 110 hombres mostró una mejora significativa de la función eréctil en el 30% de los pacientes obesos después de dos años de dieta y aumento de la actividad física.

En lo que respecta a la medicación, la disfunción eréctil se trata con tres sustancias de tipo Viagra cuya eficacia ha sido muy bien demostrada. Sin embargo, antes de prescribirla, puede ser necesario realizar una evaluación del sistema cardiovascular en pacientes con alto riesgo de enfermedades cardíacas. En estos casos, se pueden prescribir inyecciones de prostaglandina, o posiblemente una combinación de vasodilatadores por inyección.

Por último, hemos visto que los hombres obesos experimentan con frecuencia una deficiencia de testosterona. No obstante, aunque los expertos y los estudios abogan por el tratamiento de sustitución de la testosterona, esta práctica todavía no se ha adoptado de manera general.

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